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miércoles, 27 de octubre de 2021

La economía de Cuba en los siglos XIX-XX y los inicios del movimiento obrero

La "independencia" Cuba en el 98 se salda con una enorme influencia económica y política de Estados Unidos. Se potencia la producción de caña de azúcar, café y tabaco, a la vez que se incrementan los capitales invertidos en la isla tanto americanos como ingleses, aunque estos últimos terminarían perdiendo el poco protagonismo que tuvieron. Cabría destacar que incluso durante el dominio español en la isla la producción de azúcar, que podría considerarse casi un monocultivo, ya dependía sobre todo desde finales del siglo XIX del mercado americano dado el auge en Europa de la producción de azúcar de remolacha. Se observa un aumento de 18.164 toneladas producidas en 1821 a 1.004.246 en 1895.

De esta última cantidad 800.000 toneladas se dirigían al mercado estadounidense. El viraje producido ya por los alrededores de la medianía de siglo en el comercio exterior se ilustra bien por los principales rumbos de las exportaciones. En 1852 el total del comercio cubano de exportación (100 %) estaba distribuido de la manera siguiente: 14,1 % a España, 20 % a Inglaterra, 44 % a Estados Unidos, 5,9 % a Alemania y el 16 % restante a otros países. La primacía del azúcar en el comercio exterior contribuyó a que las proporciones siguieran volviéndose aun más deformes. En 1880 el 82 % de las exportaciones de azúcar se dirigían a Estados Unidos, el 5,7 % a España, y el 4,4 % a Inglaterra. (Ádám Anderle; Los comienzos del movimiento obrero cubano, 1980)

Poco antes de la irrupción de las inversiones americanas ya se habían comenzado a disolver las relaciones de produccción feudales e incluso la mano de obra esclava había desaparecido casi por completo. Esta fuerza de trabajo fue reemplazada por el proletariado en la ciudad y el proletariado agrícola en el campo.

Luego de que Cuba alcanzó la independencia de España en 1898, el capital norteamericano estableció grandes latifundios azucareros en el oriente del país, que hasta ese momento había sido el área menos explotada con fines agrícolas y se encontraba completamente devastada por la guerra. Las empresas azucareras norteamericanas se apoderaron de las mejores tierras y llegaron a poseer en Cuba más de 1,342,000 ha obtenidas a precios irrisorios, el equivalente el 10% de la superficie toral del país. Alrededor de 1925, la mayor parte de las llanuras cubanas estaba plantada de caña. Las propiedades más extensas, que ocupaban el 70% de la tierra agrícola, se dedicaban básicamente a la ganadería y a la caña de azúcar. Poco más del 1% de los propietarios poseía el 57% de las tierras, mientras el 71% tenía solo el 11%. (Soel Michel Rondón Cabrera; El campesinado en Cuba frente a la crisis del modelo de agricultura convencional: El debate entre los transgénicos y la agroecología, 2017)

En particular, sobresale el desplazamiento paulatino de los capitales británicos por estadounidenses. En 1906 la inversión directa de entidades estadounidenses sólo ascendía a unos 150 millones de dólares, en tanto que la británica era de unos 200 millones de dólares. En 1909 se creó la Cuban Telephone Company y en general las inversiones estadounidenses crecieron discretamente hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial, por lo que en 1914 sólo poseían 38 ingenios que producían menos del 40% del total de la zafra azucarera. Empero, en el período 1914-1925 construyeron 10 centrales azucareros de los 53 nuevos ingenios que propiciaron el auge productivo ante la falta de azúcar en el mercado internacional. En la zafra 1923-1924 entidades estadounidenses ya poseían 74 ingenios de los 106 existentes, que aportaban 60% de la producción nacional de azúcar. (Jesús M. García Molina;  La economía cubana desde el siglo XVI al XX: del colonialismo al socialismo con mercado, 2005)

La disgregación campesina se da de manera inexorable con la consiguiente pauperización de las condiciones de vida de estos. Según cálculos realizados a finales del siglo XIX y principios del XX, el proletariado agrícola era sumamente numeroso.

Según cálculos estimados, hechos por los alrededores de fines del siglo XIX y principios del XX, el número de los integrantes del proletariado agrícola ascendía a 300.000, aproximadamente. Una parte muy considerable de esta cifra estaba representada por ex-esclavos. (Ádám Anderle; Los comienzos del movimiento obrero cubano, 1980)

En el censo agrícola de 1946, aunque se nota cierta disminución de la mano de obra agrícola, tenemos cifras muy esclarecedoras: 114 campesinos ricos poseían más hectáreas de terreno cultivable que 142.000 campesinos pobres y medios, es decir 1.817.602 frente a 1.647.602,3. Y si sumamos el resto de terrenos de otros campesinos "menos ricos", 16.508, con estos nos da un total de 9.077.086,3 frente a la segunda cifra anterior. 

Desequilibrio que se acentúa, si tomamos en consideración que había un número importante de tenentes medios y pequeños poseían la tierra en condiciones de arrendatarios, subarrendatarios, aparceros o precaristas. (Soel Michel Rondón Cabrera; El campesinado en Cuba frente a la crisis del modelo de agricultura convencional: El debate entre los transgénicos y la agroecología, 2017)

Este tipo de fenómenos se suelen dar en estas condiciones económicas, es decir durante las transiciones del feudalismo al capitalismo. En su obra "Quiénes son los amigos del pueblo y como luchan contra los socialdemócratas" de 1894 Vladimir Lenin profundiza enormemente sobre el tema y el maravilloso cuento de Máximo Gorki, "Konovalov", nos narra la vida de uno los muchos hombres que se dedicaban a vagabundear mientras buscaban un sustento en todas las latitudes del Imperio Ruso.

Como resultado de este proceso histórico de despojo de la propiedad campesina casi las dos terceras partes de las tierras dejaron de ser trabajada por métodos “campesinos”, observándose un incremento de los proletarios y semiproletarios agrícolas, el 57.6% de la fuerza de trabajo agrícola (345 mil estaban ocupados en la caña de azúcar y 100 mil en la ganadería), de ellos solo el 10% de manera permanente. (Soel Michel Rondón Cabrera; El campesinado en Cuba frente a la crisis del modelo de agricultura convencional: El debate entre los transgénicos y la agroecología, 2017)

¿Bajo qué condiciones vivían estos campesinos pobres? ¿Vivían holgadamente o estaban forzados a trabajar a destajo bajo la explotación más brutal? Lenin nos describe la situación en la Rusia de finales del siglo XIX:

Siguen los campesinos pobres, que son más de la mitad en el distrito (hasta 0,6: sin caballo o con un caballo, 26% + 31,3% = 57,3%) y llevan la hacienda con pérdidas; por consiguiente, arruinándose y viéndose sometidos a una expropiación constante e inexorable. Están precisados a vender su fuerza de trabajo, y cerca de la cuarta parte de ellos vive ya en mucho mayor grado del trabajo asalariado que de la agricultura. (Lenin; Quiénes son los amigos del pueblo y como luchan contra los socialdemócratas, 1894)

En la Cuba de inicios del siglo XX ocurría algo similar:

La irrupción del capital [durante la segunda década del siglo XIX] en la agricultura exigía la liquidación del sistema jurídico asentado en las antiguas mercedes, el régimen de bosques y los mayorazgos y vínculos concedidos a perpetuidad, instituciones de carácter feudal que inmovilizan la tierra, impidiendo que se convierta en mercancía apta para ser comprada por los poseedores de dinero. 

Los hacendados comenzaron a luchar por apoderarse de las mejores áreas ya ocupadas por los vegueros, sitieros, estancieros y conuqueros y, a tratar de que éstos se incorporaran a las nuevas haciendas azucareras como fuerza de trabajo, lo cual condujo, en el mejor de los casos, a la migración de los pequeños productores a tierras menos fértiles. En la mayoría de las ocasiones, al no poder acreditar la titularidad sobre la tierra, pasaron a regímenes de arrendamiento o aparcería, dando lugar al surgimiento de un ejército de campesinos arrendatarios, aparceros y precaristas que caracterizarían el paisaje rural cubano hasta mediados del siglo XX. 

(...)

Los pequeños campesinos eran los que poseían una pequeña parcela de tierra y la trabajaban personalmente o con el concurso de su familia, utilizando sus propios instrumentos de trabajo. Dentro de estos existían gradaciones o modalidades de acuerdo a su relación con el medio de producción, de acuerdo a si era propietario o no de la tierra que cultivaba y, en ello se ponía de manifiesto la permanencia de los rezagos semifeudales como la aparcería y el precarismo en convivencia con las formas de explotación capitalistas predominantes en el agro.

(...)

De los 142 mil agricultores, aproximadamente, que ocupaban hasta 5 caballerías (67 ha), 94 mil no eran dueños de la tierra que trabajaban (el 66%) y eran obligados a pagar abusivas rentas en dinero o en especie, viéndose forzados a entregar una buena parte de la cosecha, que además, se correspondía con la de mejor calidad, constituyendo esto una forma de explotación directa al pequeño agricultor; y si dentro de este último grupo analizamos a aquellos que poseían menos de 2 caballerías de tierra (26.84 ha), que por lo general, dentro de los pequeños campesinos eran los que peor vivían o sobrevivían, tenemos que 85 mil campesinos (el 84,15%) trabajaban en extensiones inferiores al mínimo vital. (Soel Michel Rondón Cabrera; El campesinado en Cuba frente a la crisis del modelo de agricultura convencional: El debate entre los transgénicos y la agroecología, 2017)

Como vemos las condiciones de vida y las relaciones de producción eran las mismas: expropiación por parte de los señores feudales o burgueses, precaria existencia de los campesinos pobres con o sin tierra, y aumento de la venta de la fuerza de trabajo. ¡Y es que hasta en los periodos en que la cosecha era poca los obreros agrícolas se veían forzados al vagabundeo para encontrar trabajo!

Había que encarar resueltamente el hecho de que en las plantaciones e industria azucareras había que trabajar entre 12 y 16 horas diarias durante el período de la zafra, mientras que durante el prolongado tiempo muerto decenas de miles de trabajadores vagaban sin tener trabajo. (Ádám Anderle; Los comienzos del movimiento obrero cubano, 1980)

Y cuando este capitalismo, al desarrollarse, rebase las formas estrechas del capitalismo medieval, rural, destruye el poder avasallador de la tierra y obliga al campesino, hace ya mucho expoliado por completo y hambriento (...) a peregrinar por toda Rusia en busca de sustento, pasando largos períodos sin trabajo, a contratarse hoy con un terrateniente, mañana con un encargado de obras de un ferrocarril, después corno peón en alguna ciudad o como bracero de un campesino rico (...)  (Lenin; Quiénes son los amigos del pueblo y como luchan contra los socialdemócratas, 1894)

Por otra parte, surge el proletariado como tal y el movimiento obrero a partir de mediados del siglo XIX, aunque la producción esclavista no desaparecería hasta 1886. 

La clase obrera industrial representaba (según el censo de 1899) el 14 % de las personas con ocupación; cabe señalar que del total de los obreros industriales de 40 % correspondió a los tabaqueros. Según el mencionado censo de 1899, trabajaban en La Habana 24.169 tabaqueros; el número de éstos ascendía en 1907 a 27.503. Según testimonia el censo, los demás ramos de la industria estaban representados principalmente por los oficios artesanales (5.426 panaderos, 14.204 carpinteros, 6.557 albañiles, 3.481 sastres, 6.320 zapateros, etc.). No obstante, aparte de los trabajadores mencionados anteriormente, debemos tener también en cuenta a los obreros portuarios, cuyo número ascendía a varias decenas de miles (sólo el de los marinos ascendía a 4.820) y que aparecieron en el censo, de un modo un tanto oculto, en la categoría de "jornaleros". (Ádám Anderle; Los comienzos del movimiento obrero cubano, 1980)

Tenemos por ejemplo que la situación de la mano de obra esclava y el naciente proletariado distaba mucho de ser mínimamente digna. Podemos ver que las relaciones que imponía la burguesía cubana a la clase obrera tenía muchas similitudes con las relaciones de producción feudales.

Con la colosal expansión de la economía urbana a partir de la década de 1830, la élite socioeconómica cubana buscó formas de trabajo más coercitivas. En atención a estos intereses, la administración colonial creó mecanismos legales para coaccionar jurídicamente a los trabajadores libres. Un ejemplo de la relación entre la élite socioeconómica proesclavista y la administración española es el Reglamento de aprendizaje que estuvo vigente en Cuba desde fines de la década de 1830 hasta mediados de la de 1870. Este reglamento permitió el endurecimiento de las condiciones laborales para los aprendices, muchos de los cuales eran trabajadores jurídicamente libres, y también para los trabajadores urbanos en general.

(...)

Como en épocas anteriores, los aprendices no recibían jornal durante varios años, pero ahora tenían que permanecer como tales hasta mucho después de aprender bien el oficio, debido al largo plazo que la escritura fijaba para que el aprendiz quedara libre y pudiese presentarse al examen de oficial que la Sociedad Económica supervisaba. (Joan Casanovas Codina; Los trabajadores urbanos en la Cuba del siglo XIX y el surgimiento del abolicionismo popular en Cuba, 1999)

Además incorporó al mundo laboral y, concretamente, al aprendizaje de oficios a niños huérfanos, abandonados y pobres con el único fin de disminuir los costes de producción. 

La élite socioeconómica y administrativa deseaba tantos aprendices escriturados como fuera posible, porque eran una forma barata de trabajo no libre, y porque cuantos más aprendices hubiera, tanto libres como esclavos, más oficiales entrarían en el mercado laboral en el futuro, con lo cual los jornales tenderían a disminuir. Al colocar niñas y niños huérfanos, abandonados o pobres en los talleres y fábricas, probablemente la administración aumentó en un cuarto o más el número de aprendices existentes en ciudades como La Habana, la cual ya contaba con más de 4.000 aprendices a finales de la década de 1830. (Joan Casanovas Codina; Los trabajadores urbanos en la Cuba del siglo XIX y el surgimiento del abolicionismo popular en Cuba, 1999)

Otro tipo de leyes que se promovió fue la de la Libreta. Este documento se implantó en la industria del tabaco y llegaba para ayudar al necesitado burgués ya que los obreros "abusaban" de él gracias a la enorme demanda de mano de obra. 

Específicamente, los fabricantes insistían en que los tabaqueros no devolvían el dinero que les habían dado como anticipo de sus jornales para asegurarse de que trabajarían en sus talleres o fábricas. Según las reglas del sistema de la Libreta, cada oficial tabaquero tenía que registrarse en la Sección Industrial de la Sociedad Económica, precisamente, la sección que se encargaba de vigilar a los aprendices. La Libreta registraba el centro de trabajo del tabaquero, su lugar de nacimiento, su domicilio, su aspecto físico y si poseía o no una licencia de oficial.

Ningún fabricante de tabaco podía aceptar a un trabajador libre o a un esclavo que se alquilase sin la Libreta. Donde fuera que el oficial encontrara empleo, el patrono guardaba la Libreta. Allí podía anotar la cantidad de dinero que adelantaba al empleado. Esta última cláusula se debía a que los patronos en Cuba solían adelantar dinero a sus empleados para atraerlos a un taller determinado. Si el patrono anotaba que el trabajador le debía dinero, este no podía dejar la fábrica. (Joan Casanovas Codina; Los trabajadores urbanos en la Cuba del siglo XIX y el surgimiento del abolicionismo popular en Cuba, 1999) 

El autor hace notar que este tipo de prácticas era común en otros países de Latinoamérica como Puerto Rico, aunque representaba claramente un abuso por parte de la burguesía.

Era el patrono, no la administración ni el empleado, quien anotaba la deuda del trabajador. Como la producción tabacalera decrecía cada año de enero a julio, muchos tabaqueros aceptaban adelantos en metálico durante estos meses, de modo que cuando la demanda de trabajo y los jornales subían de julio a diciembre, aquellos tabaqueros no tenían más remedio que trabajar para sus acreedores por jornales bajos, en vez de ganar jornales más altos en otros talleres.  (Joan Casanovas Codina; Los trabajadores urbanos en la Cuba del siglo XIX y el surgimiento del abolicionismo popular en Cuba, 1999) 

Cabe señalar que todas estas leyes y prácticas no se extendían solamente al obrero y esclavo cubano, sino que afectaban también a los extranjeros que comenzaban a trabajar en la isla. Los dependientes de comercios, que solían ser españoles, vivían en sus puestos de trabajo compartiendo espacio con otros obreros, autóctonos o extranjeros. La jornada que soportaban era de dieciséis horas, de lunes a domingo y aunque poseían mayor libertad de movimiento para cambiar de trabajo tenían enormes trabas.

Aun así, para trabajar o para buscar colocación en otra tienda, los dependientes necesitaban autorización oficial. Además, también sufrían duros castigos corporales. (Joan Casanovas Codina; Los trabajadores urbanos en la Cuba del siglo XIX y el surgimiento del abolicionismo popular en Cuba, 1999) 

La soldadesca en muchas ocasiones se veía obligada a buscar un segundo oficio y aceptaba cualquiera con tal de sobrevivir. 

Desde mediados de la década de 1850, el capitán general Gutiérrez de la Concha intensificó el uso de soldados para que trabajasen bajo disciplina militar en todo tipo de obras públicas o empresas privadas, con lo cual no hacía más que utilizarlos como si fuesen presos de las cárceles. A menudo las diferencias de trato entre unos y otros eran mínimas.

Además de la disciplina militar, la administración se sirvió de la miseria existente en los cuarteles para compeler a los soldados a que buscasen su sustento trabajando fuera de los mismos. Por consiguiente, la mayoría de los soldados rasos estaban constantemente rebajados de servicio para poder trabajar como cigarreros, tabaqueros, pintores, albañiles, criados, peones agrícolas, macheteros, o cualquier otra ocupación que les proporcionase un jornal. (Joan Casanovas Codina; Los trabajadores urbanos en la Cuba del siglo XIX y el surgimiento del abolicionismo popular en Cuba, 1999)

Las primeras asociaciones de socorro mutuo aparecen en la década de 1840, aparece pues el movimiento obrero. Aunque esto, por supuesto, representaba un paso adelante para la clase obrera no está de más mencionar los defectos con los que surge. El principal es la configuración de estas organizaciones en base a principios raciales:

En el reglamento de la Sociedad se Socorros Mutuos, llamada Nuestra Señora del Pilar, se refleja de un modo inequívoco el carácter fundamental de las organizaciones de esa época:

"Todo individuo que quisiera ser incorporado en esta Sociedad — se advierte en el reglamento —, debe concurrir en él indispensablemente las siguientes cualidades: ser blanco, de notoria honradez, carácter prudente, amante del trabajo, y que al tiempo de pretenderlo, tanto el aspirante como su familia disfruten de buena salud". (Ádám Anderle; Los comienzos del movimiento obrero cubano, 1980)

Siguiendo al ideario reformista, siempre tan preocupado por el blanqueamiento de la isla, un semanario obrero, contrario a la entrada de trabajadores asiáticos sujetos a contrata, manifestaba que Cuba debía aumentar su población, pero que esta debía ser de "raza blanca ó europea". (Joan Casanovas Codina; Los trabajadores urbanos en la Cuba del siglo XIX y el surgimiento del abolicionismo popular en Cuba, 1999)

Durante la segunda mitad del siglo XIX podemos ver al movimiento reformista apoyando la abolición de la esclavitud. Con esto buscaba granjearse a los artesanos en su lucha contra contra la metrópolis, ya que estos se oponían al uso de mano de obra esclava en los talleres, lo cual permitía endurecer las condiciones laborales por parte de los patronos. En base a esto comienzan las luchas contra la censura de la prensa y por la educación en las fábricas. Nacen así periódicos como "La Aurora", prácticas como la "lectura" que consistía en que un obrero leyese periódicos o libros mientras sus compañeros trabajaban. Esta práctica se extendió principalmente en la industria tabacalera e incluso a día de hoy se lleva a cabo. 

Otras organizaciones de este tipo como la que conformaba el periódico "El Siglo" tenían una marcada tendencia hacia el socialismo utópico:

Entre los colaboradores de El Siglo se encuentra José Moreno de Fuentes, autor del primer ensayo de temática obrerista publicado en Cuba, quien examina el socialismo y la organización obrera en Europa y Estados Unidos, y sus implicaciones para los artesanos cubanos. Después de analizar brevemente las ideas de Robert Owen, Henri de Saint-Simon, Charles Fourier, Étienne Cabet y Pierre-Joseph Proudhon, Moreno de Fuentes muestra su preferencia por las ideas de Charles Fourier. (Joan Casanovas Codina; La prensa obrera y la evolución ideológico-tácticadel obrerismo cubano del siglo XIX, 2003)

La Guerra de Diez Años termina en 1878, y con el fin de esta se reactiva el movimiento obrero. El decadente reino de España trata de frenar con todas las medidas posibles las tendencias separatistas. Se crea un cuerpo de Voluntarios, que crecería en los siguientes años a la cifra de 70.000 efectivos, aunque esto no les trajo sólo beneficios. A pesar de su origen la mayoría de los miembros del cuerpo eran obreros y, de hecho, ejercían como tal en la isla. Vemos que los escogedores de tabaco en 1872 fundan en La Habana la Sociedad Protectora del Gremio de Escogedores, el primer sindicato en Cuba y, en el mismo año, litógrafos y cocheros realizan algunas huelgas.

Un hecho que recalca repetidas veces el autor de este artículo es el que la clase obrera no apoyaba incondicionalmente las ideas separatistas. Esto se debe en gran medida a que mucha de esta era de origen español, pero debería hacerse notar otro hecho. El separatismo, nacido en el seno de la burguesía nacional y ansiosa por conseguir mayores beneficios en el mercado internacional, trata por todos los medios influenciar a las demás clases con su punto de vista. Busca la alianza interclasista para conseguir la independencia de Cuba y deshacerse de las trabas feudales de la metrópolis española. Pero mientras por un lado hace esto, por el otro no deja de actuar como lo que es: una clase antagónica del proletariado.

Por otra parte, los obreros exiliados no participaron incondicionalmente en el movimiento separatista. Debido a la actitud hostil a las demandas obreras por parte del ala conservadora del liderazgo separatista, los aldamistas (...) (Joan Casanovas Codina; Los trabajadores urbanos en la Cuba del siglo XIX y el surgimiento del abolicionismo popular en Cuba, 1999)

Tenemos entonces un cuadro muy ejemplificativo de naciones cuyas aspiraciones de independencia las hegemoniza, o trata de conseguirlo, la burguesía.

A lo largo de este apartado hemos visto las condiciones económicas en Cuba desde mediados del siglo XIX hasta el XX. También el surgimiento del movimiento obrero y sus condiciones laborales. Pero antes de comenzar a hablar sobre el primer Partido Comunista de Cuba debemos hacer un repaso de la ideología que más peso tuvo en el movimiento obrero desde finales de siglo hasta comienzos del siguiente: el anarquismo.

La influencia del anarquismo

Con la Restauración monárquica española y, sobre todo a partir de 1878, la pérdida de influencia de la burguesía separatista en el movimiento obrero aparece el anarquismo en Cuba. La esclavitud comenzaba a entrar en decadencia y apenas le quedaban ocho años de vida oficial. Gracias a la enorme represión ejercida por la monarquía en la península no tardaron en llegar a la isla emigrados anarquistas. 

En 1885 se funda el Círculo de Trabajadores, promovido por los anarquistas. De esta organización es quizás el miembro más conocido Enrique Roig San Martín del que la historiografía señala principalmente que fue el representante del marxismo durante esta época. Este hecho debería parecernos dudoso dado que su supuesta postura marxista no le impedía colaborar con periódicos anarquistas como "El Productor". Recordemos que el propio Bakunin durante cierto tiempo juró ser el más fiel discípulo de Marx. Dentro de el Círculo perduraban además las corrientes anteriores de socorros pero como ya veremos el anarquismo era la tendencia principal.

Pese a estos debates, el mencionado Círculo agrupaba a fines de la década de los años 1880 a una enorme masa obrera, consistente en aproximadamente 80.000 obreros organizados. (Ádám Anderle; Los comienzos del movimiento obrero cubano, 1980)

Tras la abolición de la esclavitud la clase obrera comenzó a movilizarse en pos de conseguir mayores reformas por parte de la metrópolis y algunas de estas dieron sus frutos.

Poco después de la aprobación de la ley de asociación para la Península [en Cuba fue aprobada en 1888], en una reunión en el Círculo, representantes de diecisiete sindicatos establecieron una comisión representativa de la mayoría de asociaciones obreras de la ciudad para elaborar un «cuerpo de doctrina [...] bajo el cual caminemos todos». La JCA [Junta Central de Artesanos] llamó a estas reuniones una «especie de congreso obrero» cuyo propósito era crear la anhelada «Federación de Trabajadores de la Región Cubana» a semejanza de la FTRE. (Joan Casanovas Codina; Movimiento obrero y lucha anticolonial en Cuba después de la abolición de la esclavitud, 1995)

A raíz de esto se celebra el primer congreso obrero en 1892 y en él se debaten puntos muy importantes para el desarrollo del movimiento obrero, aunque con la enorme influencia que ejercía el anarquismo se veían muy limitados. 

Era de enorme importancia la celebración del primer congreso obrero, con la participación de más de mil delegados, en 1892. Se trataba de un congreso de carácter realmente nacional ("Congreso Regional Obrero de Cuba"). Sus principales demandas se centraron en la jornada de ocho horas, el derecho a la huelga, la creación de una organización obrera unitaria y la protesta contra la discriminación racial, pero además se puso también énfasis en la lucha por la independencia de Cuba. Con anterioridad a la celebración del congreso, el movimiento obrero cubano conmemoró ya en dos ocasiones (1890, 1891) el Primero de Mayo, y se ha convertido en una importante fuerza política de la Isla. (Ádám Anderle; Los comienzos del movimiento obrero cubano, 1980)

Se plantean también la revolución como método para la emancipación social, pero sin ningún tipo de carácter y los métodos para llevar a cabo esta.

Figuraba también muchas veces en las intervenciones la expresión de "revolución" y, aunque hayan sido diferentes las interpretaciones relativas a la misma y las opiniones sobre los caminos que conducirían a ella, los asistentes al congreso aprobaron unánimemente la necesidad de una revolución como objetivo final. Algunos consideraban que sería la huelga general, la que conduciría a la revolución, otros abogaban que la misma partiera de Europa ("cuando llegue la hora de Europa"). (Ádám Anderle; Los comienzos del movimiento obrero cubano, 1980)

Es de especial importancia la coletilla de la huelga general en lugar de la insurrección como método para la toma del poder ya que sería una losa que llevarían a sus espaldas los líderes del futuro Partido Comunista de Cuba. Como veremos más adelante, ni siquiera en base a esto actuarían correctamente en las situaciones revolucionarias. 

Las diferentes posiciones ideológicas se plantearon agudamente en relación con las cuestiones de organización, pero, al mismo tiempo, un rasgo fundamental del debate fue también su carácter equilibrado. Eduardo González, conocedor de las obras de Marx, caracterizó claramente la situación: "aunque muchos trabajadores discrepen en el terreno de los principios, no debe ser así en el terreno económico". (Ádám Anderle; Los comienzos del movimiento obrero cubano, 1980)

De nuevo apreciamos verdaderamente hasta qué punto los presuntos marxistas cubanos de la época conocían a fondo el marxismo. ¿Actuación conjunta con los anarquistas u otra corriente contraria cuando se admite que no hay cohesión alguna de principios? ¿Acaso Marx y Engels no fueron los principales valedores de que toda organización obrera actuase en base a unos principios establecidos y no los violase? Así podríamos resumirlo en palabras de Lenin. 

Además, estas palabras de Marx han sido tomadas de su carta sobre el Programa de Gotha, en la cual censura duramente el eclecticismo en que se incurrió al formular los principios: si hace falta unirse -escribía Marx a los dirigentes del partido-, pactad acuerdos para alcanzar los objetivos prácticos del movimiento, pero no trafiquéis con los principios, no hagáis "concesiones" teóricas. Tal era el pensamiento de Marx, ¡pero resulta que entre nosotros hay gente que en nombre de Marx trata de aminorar la importancia de la teoría! (Lenin; ¿Qué hacer?, 1902)

En el artículo citado se menciona además que los anarquistas intentaron que su programa fuese aprobado en su congreso, cosa lógica desde su punto de vista, y la única respuesta que recibieron en contra fue ¡que ese no era un congreso anarquista, sino de obreros! De más está decir que lo era pero si se lee con atención la obra de los clásicos del marxismo lo primero que se establece para que el movimiento obrero crezca y obtenga frutos de su lucha es que estudie primeramente las condiciones económicas y sociales de su nación y después establezca una teoría revolucionaria para su lucha, marxista; que estudie el movimiento obrero de otros países y tome como ejemplo las victorias y las derrotas que se hayan sufrido. El que los presuntos marxistas se contenten con influenciar a la clase obrera con una conciencia economicista y un programa de emancipación social sin matices es un error garrafal.

Por supuesto que la lucha económica ayuda a mejorar las condiciones de vida del proletariado, pero estas conquistas suelen ser por desgracia efímeras y a la hora de la verdad, en una situación revolucionaria, ¿cómo se va a actuar si no se dispone de un plan y unas posiciones políticas específicas y correctas? ¿No se supone que el socialismo científico es la corriente más revolucionaria, consecuente, para ello?

Naturalmente, en la fase primaria del movimiento obrero político y sindical en Europa se podía defender la neutralidad de los sindicatos, como medio de ampliar la base inicial de la lucha proletaria en una época en que estaba relativamente poco desarrollada y no existía una influencia burguesa sistemática sobre los sindicatos. 

(...)

Se dice -y Plejánov insiste particularmente en ello- que la neutralidad es precisa para unir a todos los obreros que llegan a comprender la necesidad de mejorar su situación material. Pero quienes lo dicen olvidan que la fase actual de desarrollo de las contradicciones de clase siembra inevitable e indefectiblemente "discrepancias políticas" incluso en la cuestión relativa a cómo debe conseguirse este mejoramiento dentro de la sociedad contemporánea. La teoría de la neutralidad de los sindicatos, a diferencia de la teoría sobre la necesidad de una estrecha vinculación de los mismos con la socialdemocracia revolucionaria, conduce inevitablemente a preferir medios para lograr este mejoramiento que equivalen a amortiguar la lucha de clase del proletariado. (Lenin; La neutralidad de los sindicatos, 1908)

Este error, para mayor desgracia, no apareció caído del cielo sino que se venía arrastrando desde mucho antes. En 1887 la Junta Central de Artesanos de La Habana estableció lo siguiente:

-las distintas comunidades deben gozar, en el seno de la federación, de la más plena autonomía; (...)

-debe prohibirse en el seno de la federación la divulgación de cualquier clase de doctrinas políticas y religiosas, "dejando como único y universal principio el de la emancipación económico-social y la confraternización"; (...) (Ádám Anderle; Los comienzos del movimiento obrero cubano, 1980)

¿Qué significa aceptar este tipo de programas? Significa plegarse a la concepción pequeñoburguesa del papel de los sindicatos. ¿Hacia dónde sino a la desorganización del proletariado conduce esta autonomía? Permitir este tipo de prácticas conduce al debilitamiento del movimiento obrero, a la desunión y la imposibilidad de cualquier tipo de acción conjunta. ¿Qué consecuencias trae consigo la prohibición de la propaganda marxista? La propagación de teorías anarquistas, al fin y al cabo lo que buscaban los líderes del Círculo, que dificultaría todavía más la educación de la clase obrera en una teoría y práctica verdaderamente revolucionaria que rompa con la mera lucha económica y aislada y por último supone un enorme obstáculo la formación de un partido de vanguardia que dirija la lucha por su emancipación. 

Stalin lo explicaba de manera magnífica:

Las organizaciones más extendidas y que agrupan mayores masas son los sindicatos y las cooperativas obreras (...). El objetivo de los sindicatos es la lucha contra el capital industrial (principalmente), por el mejoramiento de la situación de los obreros en el marco del capitalismo moderno. El objetivo de las cooperativas es la lucha contra el capital mercantil (principalmente) por la ampliación del consumo de los obreros mediante la rebaja de los precios de los artículos de primera necesidad, también, claro está, en el marco de ese mismo capitalismo. Tanto los sindicatos como las cooperativas son indiscutiblemente necesarios al proletariado como medios que organizan la masa proletaria. Por ello, desde el punto de vista del socialismo proletario de Marx y Engels, el proletariado debe asirse a estas dos formas de organización, consolidarlas y fortalecerlas naturalmente en la medida en que lo permitan las condiciones políticas existentes. 

Pero los sindicatos y las cooperativas no pueden satisfacer por sí solos las necesidades de organización del proletariado en lucha, porque las mencionadas organizaciones no pueden rebasar el marco del capitalismo, ya que su objetivo es mejorar la situación de los obreros en dicho marco. Pero los obreros anhelan liberarse por completo de la esclavitud capitalista, anhelan romper este marco, y no sólo moverse en su interior. En consecuencia, hace falta, además, una organización que reúna en torno suyo a los elementos conscientes entre los obreros de todas las profesiones, convierta al proletariado en una clase consciente y se proponga como objetivo principal destruir el régimen capitalista, preparar la revolución socialista. 

(...)

Por eso es necesario, en la medida de lo posible, aplicar en las organizaciones del proletariado el principio del centralismo en oposición al fraccionamiento federalista, lo mismo si estas organizaciones son el Partido que si son los sindicatos o las cooperativas. 

(...)

Ocurre así porque, con frecuencia, estas dos organizaciones económicas, si no están en estrecha relación con un Partido socialista fuerte, se empequeñecen, dan al olvido los intereses generales de clase trocándolos por intereses estrechamente profesionales e infieren así un gran daño al proletariado. Por ello es necesario en todos los casos asegurar la influencia ideológica y política del Partido en los sindicatos y en las cooperativas. Sólo con esta condición las organizaciones mencionadas se convertirán en la escuela socialista que organice en una clase consciente al proletariado diseminado en distintos grupos. (Stalin; ¿Anarquismo o Socialismo?, 1906)

Gracias a esta neutralidad por parte del ala socialista gana entonces, tanto en la teoría como la práctica, el punto de vista anarquista.

La moción aprobada por el congreso, la que reconocía el "socialismo revolucionario" como ideología del movimiento obrero Cubano, significaba entonces —en lo fundamental— un anarcosindicalismo, y la Federación de Trabajadores de Cuba, fundada en aquel entonces, se constituía como una organización integrada por secciones, cada una de las cuales gozaba de plena autonomía para realizar sus propias acciones. (Ádám Anderle; Los comienzos del movimiento obrero cubano, 1980)

Veamos algunos ejemplos de la práctica anarquista.

A finales de agosto de 1887 comienzan una serie de manifestaciones para tratar de destituir al capitán general Sabas Marín. Su rival político, Manuel de Salamanca del Partido Liberal, usó como llamamiento la lucha contra la corrupción. El ministro de ultramar, Víctor Balaguer, ordena que Marín tome las las aduanas para simular su adherencia a la política de Salamanca aunque no consigue frenar las huelgas. En una muestra de verdadera vocación revolucionaria los anarquistas apoyaron la venida de Salamanca. Esto provocó que los anarquistas españoles criticasen a los de la isla a lo cual respondieron que dada la distancia entre Cuba y Barcelona la política no era la misma.

Las huelgas continuaron, aunque muchas de las que ocurren en este periodo son mayoritariamente de carácter espontáneo y económico:

Durante estos años, aparte del reformismo metropolitano, el crecimiento de las exportaciones de puros y cigarrillos ayudaron a que los trabajadores del ramo del tabaco (el colectivo de trabajadores urbanos más numeroso de Cuba) ganasen huelgas de proporciones nunca vistas en Cuba. Desde esta posición de fuerza, los trabajadores tabacaleros llevaron el movimiento obrero a un nuevo plano. Inicialmente, la mayoría de huelgas fueron en las fábricas de tabaco de La Habana y poblaciones circundantes, pero poco a poco, trabajadores de otros sectores productivos y de otras provincias se unieron a esta explosión de activismo obrero. Además de las tradicionales demandas de aumento de salario, en esta nueva fase, el movimiento obrero luchó con éxito en contra de los métodos residuales de la época de la esclavitud para disciplinar la fuerza laboral, tales como la discriminación en contra de los trabajadores no-blancos y el maltrato físico de aprendices y dependientes. Respecto a la dignidad y la cultura de la clase trabajadora, el movimiento obrero combatió la censura que los fabricantes procuraban ejercer sobre la «lectura», en los talleres de tabaco, y la falta de consideración con que capataces y fabricantes trataban a sus subordinados. (Joan Casanovas Codina; Movimiento obrero y lucha anticolonial en Cuba después de la abolición de la esclavitud, 1995)

La llegada de Salamanca al poder ocurre a finales de 1889 y su objetivo, al igual que el de sus predecesores, es perpetuar el dominio colonial y, como la burguesía criolla, pretendía ganar apoyos para su causa entre la clase obrera. En una huelga producida ese mismo año ayuda a obreros cubanos a entrar a la isla desde Estados Unidos. 

En 1889, éstas empezaron en el Cayo, donde los trabajadores se lanzaron a la huelga (...) La reacción de los fabricantes fue el lockout, y la solución de los obreros emigrar a Cuba temporalmente gracias al dinero y la ayuda de las asociaciones de la isla. Salamanca envió un barco de guerra para ayudar a transportar huelguistas (...) A finales de Noviembre ya habían llegado a Cuba unos 2.000 trabajadores (...) Paralelamente, los fabricantes de La Habana declararon un lock out general después de una huelga en una fábrica. Salamanca enseguida percibió que el lock out en La Habana ponía en peligro su esfuerzo por debilitar el movimiento separatista, por lo que decretó el cierre inmediato de la UFT, a la vez que alarmado por la propagación del socialismo colectivista, ordenó el cierre de la Alianza, el Círculo, y El Productor. (Joan Casanovas Codina; Movimiento obrero y lucha anticolonial en Cuba después de la abolición de la esclavitud, 1995)

Por supuesto que los anarquistas acertaron de lleno con su apoyo. A esto sobrevino un breve periodo de reacción realizado por Salamanca y tras la muerte de este reanudaron las huelgas. Podemos observar otro caso significativo de la práctica anarquista: la huelga sin ningún objetivo claro, utilizando como único motor el factor subjetivo que en este caso ni siquiera eran propicio. 

Al mismo tiempo, un número creciente de sindicatos empezaron a declararse en huelga con el objetivo de desencadenar una huelga general, pero era temporada baja en la industria del tabaco, y los trabajadores tabacaleros no pudieron lanzarse mayoritariamente a la huelga. Al cabo de unos cuantos días, las últimas huelgas quedaron extinguidas. (Joan Casanovas Codina, Movimiento obrero y lucha anticolonial en Cuba después de la abolición de la esclavitud, 1995)

Ya en la primera mitad de la década de los noventa los anarquistas comenzaron a apoyar el movimiento separatista. El acercamiento con el Partido Revolucionario Cubano, fundado por el liberal José Martí, se hacía inminente y, de hecho, las federaciones sindicales permitieron a los obreros militar en dicho partido sin problema alguno. 

La fórmula que adoptó el congreso sobre la relación que se iba a establecer entre el movimiento obrero y el separatista, permitía que los trabajadores se uniesen individualmente al movimiento separatista, pero sin romper su vinculación con el movimiento obrero. (Joan Casanovas Codina; Movimiento obrero y lucha anticolonial en Cuba después de la abolición de la esclavitud, 1995)

¿Qué podemos sacar el limpio de esto? Las alianzas temporales en contextos como este (luchas antiimperialistas, democráticas, por la independencia) son comprensibles aunque principalmente si se realizan con la pequeña burguesía o incluso con parte de la burguesía nacional que no esté ligada a las fuerzas imperialistas; pero jamás se debe renunciar a un programa propio. La cuestión es que los anarquistas no supieron dirigir en las tareas que les fueron planteadas, iban constantemente a la zaga, ya fuese apoyando a representantes de la metrópolis o a la burguesía independentista. Es decir, permitían que la burguesía de uno u otro país expandiese su influencia entre la clase obrera. Más adelante también observaremos hasta qué punto el PCC se vio influenciado por las teorías liberales de José Martí que, aunque poseían ciertas tendencias progresistas, no dejaba de embellecer la democracia burguesa. 

¿Cómo podríamos resumir toda la actuación del anarquismo en Cuba? Al igual que en la inmensa mayoría de territorios en los que llegó a tener influencia. 

La profunda razón es que la clase obrera, influida por una filosofía reaccionaria y dirigida por grupos anarquistas aventureros o irresponsables no actuó nunca como clase independiente, con propios principios de clase, con objetivos de clase. No se consideró nunca como la clase dirigente de la nación, como la clase irreconciliable con el régimen capitalista con la misión de destruir el Estado burgués, tomar el poder político, liquidar la explotación del hombre por el hombre, crear una sociedad sin explotadores, una nueva civilización: el socialismo. Tenía la fuerza y la entregó a los enemigos. De dirigente que debía de ser, pasó a ser dirigida, y su entusiasmo y abnegación revolucionaria pasó al servicio especulativo del capitalismo y de sus formas reaccionarias. La clase obrera, desorientada por las prédicas antipolíticas y apolíticas, antiestatales y antiautoritarias, se quedó deslumbrada a menudo por fantasmagóricos sentimentalismos que exaltaban su instinto revolucionario y la conducían a explosiones aventureras y sin salida, no comprendiendo ella, que como clase independiente, debía de tener una teoría revolucionaria propia, que debía de forjar su propio partido político revolucionario. El anarquismo le había vendado los ojos y le entregó indefensa a las maniobras y todas las trampas de la burguesía. Y fue así como ella no captó que el antipoliticismo y el apolitismo son la política de la reacción; que el apoliticismo le condujo a votar por el leurrouxismo antes, y a la pequeña burguesía nacionalista catalanista después. Así es como tampoco captó que el antiestatismo y el antiautoritarismo consolidaban el monopolio burgués del Estado y la autoridad, y que condenan a la clase obrera a la explotación despiadada, a las represiones brutales, a la desesperanza y a la impotencia. (…) Pues bien, queridos camaradas, la vida ha demostrado sobradamente que el anarquismo es una filosofía reaccionaria, ajena a la clase obrera, una prolongación de la burguesía hacia el campo obrero. La vida nos ha demostrado sobradamente que los grupos específicos, herederos del bakuninismo y los anarquistas individualistas, han sido un instrumento de la burguesía en el movimiento obrero, fuerza de choque aventurera y amoral de los inconciliables enemigos de la clase obrera y del pueblo. (Joan Comorera; La revolución plantea a la clase obrera el problema del poder político, enero de 1949)

domingo, 31 de mayo de 2020

Xhafer Dobrushi; Los puntos de vista antimarxistas de los revisionistas titoistas sobre la nación: Una expresión de su perspectiva idealista y reaccionaria, 1987

Josip Broz Tito y Eduard Kardelj


Como siempre, los revisionistas titoistas continúan afirmando que supuestamente han abordado y resuelto la cuestión nacional en su país de una manera marxista-leninista. Por supuesto, no podría ser más falso. Los análisis científicos y materialistas del PTA y del camarada Enver Hoxha de esta peligrosa tendencia revisionista han demostrado que las teorías titoistas y las prácticas en la nación y la cuestión nacional, como todos sus puntos de vista y posiciones sobre la teoría y la práctica de del socialismo científico no contienen nada proletario ni socialista, se desvían flagrantemente del marxismo-leninismo. Las teorías de los revisionistas titoistas sobre la noción de la nación, que expresa su perspectiva del mundo reaccionaria e idealista, sirven directamente a los intereses de la burguesía chovinista yugoslava. Son intentos de proporcionar una "base teórica" para su política burguesa, nacionalista y chovinista que se implementa en Yugoslavia y que caracteriza todo su sistema de "autodeterminación" capitalista.

La teoría marxista-leninista ha proporcionado y formulado hace mucho un concepto científico y materialista completo sobre la nación. Partiendo de los principios fundamentales establecidos por Marx, Engels y Lenin sobre esta cuestión, de la base de un análisis dialéctico completo del proceso histórico y las condiciones materiales que han llevado a la creación y fortalecimiento de las comunidades sociales y el reemplazo de las comunidades inferiores, como los parentescos y tribus, con otras, comunidades superiores, nacionalidades y naciones, J.V. Stalin realizó una definición científica de la nación. "La nación es una comunidad permanente de personas formada históricamente que ha surgido sobre la base de la comunidad del idioma, territorio, vida económica y formación psicológica, que se manifiesta en la comunidad cultural". Esta definición expresa las características más generales y los componentes principales de la nación. La negación de cada una de ellas y los intentos de añadir otros elementos no son más que una desviación abierta de la teoría marxista-leninista de la nación, vanos esfuerzos por encubrir y justificar la persecución de una política no proletaria en la cuestión nacional.

Con sus puntos de vista y posiciones prácticas, los revisionistas yugoslavos se han opuesto abiertamente a la concepción y definición científica y materialista de la nación en todos sus aspectos.

Tras levantarse contra el concepto marxista-leninista de Stalin sobre la nación y su definición científica, uno de los líderes titoistas y principales teóricos, Eduard Kardelj, se comprometió a hacer una "nueva" definición. "La nación, como la concebimos actualmente", escribe, "es un fenómeno histórico, socio-económico y político-cultural que ha surgido a partir de condiciones definidas de la división social del trabajo".

Como se ve, en esta definición Kardelj excluye, no involuntariamente, del contenido de la nación todo lo que caracteriza la esencia de la comunidad nacional. Distorsiona abiertamente el proceso histórico del surgimiento y la consolidación de las naciones, niega su rasgo más general que las caracteriza como comunidades permanentes de personas e ignora elementos tan determinantes como la comunidad del idioma, el territorio y vínculos económicos.

Por supuesto, la definición la nación de Kardelj no carece de propósitos. Es la conclusión de un voluminoso libro que, como dice el propio autor, fue escrito para aclarar y elaborar las bases teóricas del programa nacional de la Liga de los Comunistas de Yugoslavia (LCY). Encontramos el espíritu antimarxista y anti-científico que impregna esta concepción de la nación de naciones que se encuentra en la base de las teorías de los revisionistas titoistas sobre la cuestión nacional y de la nación.

Entre las principales distorsiones que los revisionistas titoistas hacen de la teoría marxista-leninista de la nación está su falsificación del proceso de su formación. Al afirmar que "la nación... ha surgido en ciertas condiciones de la división social del trabajo", Kardelj no menciona la causa principal que condujo a la formación y consolidación de las comunidades nacionales que, como se sabe, es la creación del modo capitalista de producción. Llega a predicar abiertamente que la división social del trabajo es la causa principal, no sólo de la formación de las comunidades nacionales, sino también el surgimiento del sistema capitalista.

Por supuesto, este es un concepto y una posición que está flagrantemente en contra del proceso histórico del desarrollo social, las condiciones materiales y las leyes objetivas que condujeron al surgimiento del modo de producción capitalista. El análisis de estas condiciones y el conocimiento de estas leyes, un análisis realizado en detalle por Marx, Engels, Lenin y Stalin, muestra que no es la división social del trabajo lo que provoca tales transformaciones en la sociedad como la aparición de naciones y el modo capitalista de producción, sino que precisamente es el modo capitalista de producción lo que determina tanto el surgimiento de las naciones como la necesidad de profundizar la división social del trabajo.

En El Capital, su monumental obra, Karl Marx aporta argumentos científicos para mostrar el proceso del derrocamiento del feudalismo y el surgimiento del capitalismo. La base de este proceso radica, no en la división social del trabajo, como Kardelj trata de hacernos creer, sino en la acumulación de capital, la concentración de una gran riqueza en dinero en manos de los grandes terratenientes, comerciantes y usureros. Los propietarios de este capital, en sus constantes esfuerzos por aumentarlo, concentran los medios de producción y a los obreros en talleres. De esta manera surgieron las primeras empresas que utilizaban a obreros contratados que realizaban trabajos manuales sobre la base de la división social del trabajo. La creación de las dos nuevas clases de la sociedad: la burguesía y el proletariado, la creación de un mercado nacional unificado y la profundización de la división social del trabajo son una expresión y el resultado de este grado de desarrollo de la producción social y las relaciones materiales relativas.

La división social del trabajo ha existido en las formaciones sociales pre-capitalistas, pero no ha conducido ni ha podido conducir al surgimiento de las naciones, ni puede conducir al derrocamiento de un orden social y al triunfo de otro superior, porque como categoría social, la división social del trabajo asume sus formas definidas y difiere y profundiza según la naturaleza de las formaciones socio-económicas. Precisamente sobre esta cuestión, Marx señaló que "... la división del trabajo manufacturero es un resultado muy específico del modo de producción capitalista." Criticando a Proudhon, quién concibió la división del trabajo como una categoría permanente, como una causa determinante que condujo al surgimiento de todas las relaciones de producción capitalista, Marx subrayó: "La división del trabajo dentro del taller se desarrolló después de la acumulación y concentración de medios de producción y de los obreros," y que "el desarrollo de la división del trabajo presupone la unión de los obreros en un mismo taller..., en realidad este taller es una condición para la existencia de la división del trabajo". De aquí se desprende que no es la división del trabajo la que determina la transición del feudalismo al capitalismo. Y dado que las naciones son productos inevitables de la época burguesa del desarrollo social, el proceso de su surgimiento no puede vincularse de ninguna manera con la división social del trabajo.

V.I. Lenin y J.V. Stalin demostraron que las naciones se formaron en el proceso del surgimiento y desarrollo del capitalismo, en el proceso de la unificación de los mercados locales en un mercado nacional. Durante este proceso, se crean vínculos económicos que envuelven a toda la población que habla una lengua común y vive en el mismo territorio. Desde estas posiciones y con este espíritu, Lenin analiza el proceso de formación de la nación rusa. "Sólo el nuevo período de la historia rusa (alrededor del siglo XVII)," dice, "se caracteriza por la fusión real de todas estas regiones, tierras y principados en un todo. Esta fusión... fue provocada por la extensión de los intercambios entre regiones, el crecimiento gradual de la circulación de mercancías y la concentración de los pequeños mercados locales en un mercado en toda Rusia."

Las tesis de los revisionistas titoistas, que vinculan el proceso de formación de las naciones con la división social del trabajo en el capitalismo, ocultan en sí objetivos contrarrevolucionarios. Según esta pseudo-teoría, así como la división social del trabajo en el capitalismo supuestamente condujo a la formación de naciones, en las condiciones del imperialismo actual, el desarrollo de la ciencia, la técnica y la revolución científico-técnica, cuando la división social del trabajo ha sido profundizada y extendida a dimensiones internacionales, automáticamente conduce a la cercanía y la unión de las naciones y a la desaparición de las diferencias nacionales. "La división social del trabajo que es requerida por este desarrollo de las fuerzas productivas y el volumen del intercambio de valores materiales en el mundo", escribe Kardelj, "va necesariamente más allá de las estrechas fronteras nacionales, acerca a las naciones e incluye al hombre directamente en el mecanismo de la economía mundial. Junto a esto, se debe cambiar la conciencia del hombre sobre su interés material y cultural y, de hecho, se está cambiando. En este momento se están formando organizaciones internacionales para la cooperación económica, que muestran que la conciencia de los intereses económicos comunes está trascendiendo las fronteras nacionales y extendiéndose a regiones cada vez más grandes... Este es el proceso de unificación de naciones que se produce por la división social del trabajo en la época en que la humanidad está entrando en el socialismo." No se puede ser más explícito.

El carácter metafísico y contrarrevolucionario de los reclamos de los titoistas reside en el hecho de que estos consideran la eliminación de la opresión nacional, y la cuestión del establecimiento de la igualdad entre naciones y su cercanía y unión como fenómenos que pueden revolverse en el marco del orden capitalista y sólo intensificando la división internacional del trabajo. Partiendo de estas posiciones, los revisionistas titoistas niegan la lucha de las masas populares en las naciones oprimidas por la libertad y la independencia contra la burguesía de las naciones opresoras, y con esto sólo justifican y fomentan la profundización de la desigualdad entre naciones, la opresión nacional más salvaje.

La tendencia objetiva del imperialismo a intensificar los vínculos económicos, políticos y culturales y a trascender y romper las fronteras nacionales sobre la base de la socialización internacional de la producción capitalista, como Lenin ha señalado con precisión científica, no conduce y nunca puede conducir a la unión voluntaria de naciones, como hacen los revisionistas titoistas. Al contrario, el único camino correcto seguido por el proletariado de acuerdo con esta tendencia es la lucha contra cualquier desigualdad nacional, el apoyo resuelto a los movimientos de liberación de las naciones oprimidas y la unión internacionalista del proletariado y los trabajadores dentro de un país y a escala internacional para deshacerse del yugo del capital y para luchar contra la burguesía y el imperialismo.

Está bastante claro que el "acercamiento" y la "unión" de las naciones en las condiciones del imperialismo de la que hablan los titoistas no es más que un reflejo de la realidad capitalista actual que se caracteriza por las tensas relaciones nacionales e internacionales; es el derecho del que la burguesía de las naciones opresoras, la burguesía americana y soviética, en primer lugar, se apropia para someter a otras naciones por la violencia y pisotear su soberanía. La interpretación titoista de la tendencia imperialista para intensificar los vínculos económicos, políticos y culturales entre las naciones y a romper y trascender las fronteras nacionales, que supuestamente es producida por la división social del trabajo, pasa por alto las profundas contradicciones entre el proletariado y la burguesía, entre las naciones opresoras y oprimidas; equivale a predicar abiertamente la idea de que las naciones oprimidas deben someter y sacrificar su causa a los intereses de las superpotencias  y otras potencias imperialistas.

Al defender la opinión de que la formación, existencia, unión y fusión de las naciones está determinada sólo por la división social del trabajo, los revisionistas titoistas se deslizan a posiciones totalmente metafísicas.

Primero, disocian arbitrariamente a la comunidad nacional del orden socio-económico que lo engendra, de las relaciones de producción capitalistas, y, de esta manera, ignoran los cambios radicales que tienen lugar en el desarrollo de las naciones como resultado del cambio del orden social, el derrocamiento del capitalismo y el triunfo del socialismo. Precisamente por esta razón Kardelj se opone violentamente a las tesis marxistas que hacen una distinción de principios entre las naciones socialistas y las naciones burguesas e incluso considera esta distinción absurda.

Segundo, la posición metafísica de los revisionistas titoistas se hace aún más evidente desde su posición sobre el futuro de las naciones. Abogando por la unión de las naciones y la eliminación de las distinciones nacionales en las condiciones de la existencia de la propiedad privada y las relaciones de producción capitalistas, los titoistas se oponen al desarrollo libre e independiente de las naciones, de su idioma y cultura, un desarrollo que puede alcanzar su máximo nivel sólo en las condiciones de las relaciones de producción socialistas y comunistas, sólo cuando existen las condiciones para el liderazgo político del proletariado en la sociedad.

La negación de la tesis de que las naciones son comunidades sociales permanentes es otra distorsión de la teoría materialista de la nación por parte de los revisionistas yugoslavos.

El marxismo-leninismo ha demostrado desde hace mucho que el idioma común, el territorio, la comunidad de vínculos económicos y la cultura creado bajo la influencia directa del proceso histórico y transmitido de una generación a otra, crea una comunidad fuerte y duradera de una nación. La conciencia nacional, que es el reflejo de fuertes y estrechos vínculos de los miembros de la nación, es formada y establece profundas raíces sobre esta base. En estos vínculos objetivos, los miembros de diferentes naciones ven sus intereses vitales, por lo tanto, la conciencia nacional se convierte en una fuente de lucha para la autoafirmación nacional y es transformada en una fuerza excepcional que permite que incluso las naciones más pequeñas o partes de ellas resistan durante siglos a los esfuerzos de las naciones opresoras de asimilarlas mediante la violencia. Esta conclusión ha sido confirmada hace mucho por la lucha prolongada y heroica que muchas naciones han librado y continúan librando para ganar su libertad.

La permanencia de las naciones, su resistencia y su fuerza interna, que se ha puesto en pie y continúa haciendo frente a los objetivos chovinistas de asimilación y exterminio, ha obligado a las clases dominantes de las naciones opresoras a utilizar, junto a la violencia desenfrenada, diferentes medios de esclavización espiritual para lograr sus objetivos: la esclavitud y asimilación de las naciones anexas o partes de ellas. Para esto, han estado inventando todo tipo de "teorías" y puntos de vista a través de los cuales astutamente tratan de sembrar la indiferencia respecto a la pertenencia nacional a las masas populares de las naciones oprimidas, para amortiguar los profundos sentimientos sobre su idioma, cultura, historia y costumbres ancestrales o para suprimirlas por completo para socavar o destruir su lucha por la afirmación nacional.

Una de estas pseudo-teorías es la que identifica a la comunidad nacional con la comunidad estatal. Según esta teoría, en un estado multinacional la pertenencia nacional de cada ciudadano no está determinada por la base del idioma y otros componentes de la nación, sino en la ciudadanía.

Los revisionistas yugoslavos adaptaron hace mucho tiempo la teoría burguesa que identifica la comunidad nacional con la comunidad estatal. Kardelj parte de estas posiciones metafísicas e idealistas cuando, en flagrante oposición a la teoría materialista del marxismo-leninismo, excluye de la noción de la nación una de sus características esenciales: su carácter como comunidad permanente de personas, y esta no es su única posición errónea.

Hay una larga historia de intentos de identificar la comunidad nacional con la estatal en Yugoslavia. Surgieron inmediatamente después de la creación del Reino de los serbios, croatas y eslovenos, como una tendencia de la burguesía serbia de serbización de otras naciones más pequeñas incluidas en el estado yugoslavo. El Partido Socialista Obrero (Comunista) de Yugoslavia se deslizó completamente en estas posiciones de la burguesía serbia cuando, en su primer congreso celebrado en abril de 1919, adoptó el lema "una nación y un estado nacional", y en su segundo congreso celebrado en junio de 1920, permaneció en las mismas aguas turbias, emitiendo el lema "unidad nacional". Esta posición abiertamente nacionalista y chovinista comprometió gravemente al Partido Comunista de Yugoslavia ante los ojos de las naciones oprimidas.

Sin embargo, el Partido Comunista de Yugoslavia actuó de manera lenta y vacilante para alejarse de esta posición nacionalista burguesa y oportunista. Bajo la fuerte presión de las masas y las críticas de la Comintern, necesitó tres años completos para renunciar al lema gran serbio de "unidad nacional". Más tarde el Partido Comunista de Yugoslavia no se deshizo de esta mentalidad burguesa ni de sus concepciones sobre la nación y la cuestión nacional. Esto se ve claramente en el hecho de que, en la segunda conferencia del Partido Comunista de Yugoslavia, las naciones incluidas en la comunidad estatal yugoslava fueron tratadas como tribus y, sobre esta base, fue lanzada la idea de que la "nación yugoslava" supuestamente estaba en "proceso de formación", es decir, que surgiría de la unión y fusión de estas llamadas tribus.

Esta concepción de la nación y la cuestión nacional por parte del PCY llevaba en esencia la idea de la "unidad nacional"; por lo tanto, coincidió plenamente con los objetivos de la burguesía gran serbia para la desnacionalización y asimilación de otras naciones incluidas en el Reino yugoslavo. Precisamente, esta situación malsana en las filas del PCY, especialmente en sus líderes, obligó a la Comintern a prestar atención continuamente a la cuestión nacional yugoslava.

En el Pleno ampliado del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista que se celebró en Moscú, del 21 de marzo al 6 de abril de 1925, hubo una discusión especial sobre la política nacional del Partido Comunista de Yugoslavia y se llamó la atención sobre el gran daño causado al movimiento de liberación nacional en Yugoslavia por la difusión de la idea de que supuestamente los serbios, croatas y eslovenos eran una sola nación. "La leyenda de la unidad nacional de los serbios, croatas y eslovenos," dice la resolución de este Pleno, "debe exponerse como un disfraz de la política nacionalista opresora de la burguesía chovinista serbia. Ningún comunista puede apoyar la difusión de esta leyenda a través de... la fabula de la fusión natural que se supone asiste al proceso del desarrollo económico".

La posición del Partido Comunista de Yugoslavia sobre el problema del yugoslavismo como una identidad nacional no cambió, en principio, en el momento en que los titoistas llegaron a la dirección de este partido. Tito, Kardelj y otros titoistas "se opusieron" a las opiniones de sus predecesores sobre "la única nación yugoslava" y la llamaron "viejo yugoslavismo", pero no lo hicieron porque partían de posiciones de principio o de los principios del marxismo-leninismo para abordar la cuestión nacional, sino que sólo para defender los intereses de la burguesía croata-eslovena de la política asimiladora de la burguesía serbia, para establecer una especie de equilibrio entre estas dos agrupaciones burguesas. De ahí la táctica de los titoistas quienes, por un lado, criticaron, como todavía lo hacen, el "viejo yugoslavismo" mientras por otro, propagan y apoyan su "nuevo yugoslavismo socialista" cubierto con frases oscuras y lemas huecos de "igualdad", "unidad" y "fraternidad".

La esencia del yugoslavismo como ideología burguesa y política nacional burguesa surge casi abiertamente en la forma en que Kardelj define este fenómeno: "La esencia del yugoslavismo actual", escribe, "puede ser sólo... la comunidad social, material y los intereses políticos de los trabajadores de todos los pueblos de Yugoslavia,... lo que une a los pueblos de Yugoslavia es su componente humano general en lugar de sus componentes nacionales estrechos".

Está claro que en un país como Yugoslavia en el que existe y se desarrolla la propiedad privada, en el que las contradicciones entre clases antagónicas se exacerban y profundizan sin cesar y en el que existe la opresión nacional en las formas más salvajes, "el componente humano general" del que hablan los titoistas y con el que intentan encubrir el verdadero significado del yugoslavismo, no es más que el derecho de la vieja y nueva burguesía de Yugoslavia, especialmente la burguesía serbia y la croata-eslovena, de oprimir y explotar despiadadamente a las otras naciones y nacionalidades en el sistema de autogestión capitalista.

El apoyo que el PCY dio al concepto del yugoslavismo como una identidad nacional y la propaganda realizada sobre esta cuestión fue más allá de los límites de la teoría. En el censo general de la población de Yugoslavia realizado en 1961, más de 317.000 personas se declararon de nacionalidad yugoslava, mientras que en el censo de 1981 este número aumentó a 1.216.463 o más de cuatro veces la cifra del censo anterior.

En Serbia, los ciudadanos que se declararon yugoslavos constituyen el 12% de la población, en Croacia el 8,4%, en Bosnia-Herzergovina el 7,9% (aquí los registrados como yugoslavos son mayormente serbios y croatas); mientras que en Macedonia los ciudadanos que se han declarado como yugoslavos representan sólo el 0,7% de la población y en Kosovo el 0,2% etc.

La prensa titoista también subraya el hecho de que la mayoría de los ciudadanos que se han declarado yugoslavos son serbios y croatas. "El lugar principal entre los yugoslavos", escribe el experto en ciencias demográficas M. Lalovic, "es ocupado por serbios y croatas... que se expresan en mayor número por la nacionalidad yugoslava".

Es evidente que el yugoslavismo sirve directamente a los intereses de las naciones opresoras, y está dirigido a la desnacionalización y asimilación de las naciones más pequeñas.

Este gran y rápido crecimiento en el número de ciudadanos que se han declarado yugoslavos ha despertado una feroz polémica en diferentes niveles republicanos y federativos en Yugoslavia. Sin embargo, los titoistas, como todos los revisionistas, siguen una lógica propia. Su posición antimarxista consciente, que siempre los ha caracterizado, su arraigada hostilidad hacia la libertad y la verdadera igualdad de las naciones y nacionalidades y su obstinada defensa de los intereses de la nueva y antigua burguesía yugoslava, de la que forman parte, impulsan a los revisionistas yugoslavos a fomentar aún más la idea y la práctica de la creación de la nacionalidad yugoslava.

Además de los gran serbios, que se expresan abierta y arrogantemente por el unitarismo, también son típicas las declaraciones de algunas personalidades destacadas de la LCY que afirman ser teóricos de la cuestión nacional. "Desde un punto de vista nacional, todo el mundo tiene el derecho a identificarse por el medio en el que ha nacido o declararse de otra manera, es decir, también como yugoslavo", dijo el miembro del liderazgo del CC de la LCY, D. Dragosavac en una entrevista con la revista Mezhdunarodnaya politika. Al tratar con la misma pregunta en un mitin en Kozara, otro miembro del liderazgo del CC de la LCY, H. Pozderac, enfatizó: "... ¿Qué pasa si alguien se declara yugoslavo? Este es un derecho innegable de cada individuo y todos pueden declararse como quieran".

Incluso después de estas declaraciones abiertas en apoyo de la "nacionalidad yugoslava", estos revisionistas tienen el valor de afirmar que renunciar a la propia nacionalidad y declararse "yugoslavo" supuestamente no conduce a la identificación de la comunidad nacional con la comunidad estatal, que este fenómeno supuestamente no tiene nada que ver con la oposición a los esfuerzos de la afirmación nacional. Estas afirmaciones son tan absurdas que incluso muchos personalidades titoistas la denuncian abiertamente. "Creo que la aparición del yugoslavismo en el sentido de nacionalidad, especialmente el rápido aumento en el número de quienes lo adoptan", escribe el profesor Dusan Dilandji, miembro del CC de la LC de Croacia y profesor en la Facultad de Ciencias Políticas de Zagreb, "muestra que algo no está en orden en nuestra sociedad, porque esto no es un fenómeno social normal... Hay que decir que, en esencia, la pregunta es sobre una distorsión de la noción de la nación".

La animación y fortalecimiento de las tendencias unionistas serbias han agudizado aún más la cuestión del "yugoslavismo". Fue uno de los principales temas de discusión en la convención científica con motivo del 40 aniversario de la primera reunión del Consejo Antifascista de Liberación Nacional de Yugoslavia. En la sección de ciencias históricas, surgió una feroz polémica sobre el tema. El lado serbio defendió abiertamente la tesis de regulación centralizada de Yugoslavia, lo mismo que en el Reino de antes de la guerra en el que la burguesía hizo la leí en toda Yugoslavia. Los gran serbios hicieron todo lo posible para expresar su pesar por la desaparición de la antigua Yugoslavia centralizada y expresaron su indignación por el hecho de que hoy no se sigue el mismo camino.

Estas declaraciones despertaron una fuerte reacción. "En esta campaña", dijo el sociólogo esloveno Òtipe Òuvar, "leemos y escuchamos que una de las causas de la antigua Yugoslavia... fue la hostilidad hacia la idea yugoslava. Sin embargo, ellos (los gran serbios - nota del autor) enfatizan la... regulación centralista de la antigua Yugoslavia como la única alternativa real y recomiendan que también siga el camino europeo en nuestro tiempo, un camino que se expresó en la forma de Bismarck de unir a los alemanes en torno a Prusia, en el papel de Piedmont en el Risorgimento italiano, un papel que necesariamente se atribuye al pueblo serbio".

La línea y la política de los revisionistas titoistas que identifican la comunidad nacional con la comunidad estatal se deriva de su perspectiva idealista y metafísica del mundo y de los intereses de la vieja y nueva burguesía yugoslava que ellos defienden y representan. Contra la lógica del proceso objetivo y las condiciones históricos que llevaron a la formación de comunidades nacionales y  al desarrollo de las características nacionales, ellos piensan que pueden ignorar la fuerza y la permanencia de las naciones y partes de las naciones, que pueden asimilar fácilmente algunas de ellas.

Decir a las naciones que conforman una comunidad estatal que renuncien a su identidad nacional, que luchen por su fusión y liquidación antes de la construcción de la sociedad comunista y, más aún, en las condiciones del capitalismo, como en el caso de Yugoslavia actualmente, es una postura metafísica que, desde el punto de vista de la teoría del materialismo histórico, proviene únicamente de una política chovinista.

Como se sabe, las condiciones para la fusión y la desaparición de las naciones se crean sólo después del triunfo del comunismo a escala mundial. Sólo el período histórico de transición desde el derrocamiento del capitalismo al comunismo, cuya característica fundamental es la existencia de la dictadura del proletariado, crea las condiciones para que las naciones anteriormente oprimidas y explotadas se desarrollen, prosperen y muestren sus verdaderos méritos. Sólo cuando la propiedad privada y las clases explotadoras sean liquidadas y cuando la sociedad comunista haya sido construida, esos factores que surgen y justifican el uso de la violencia por parte de algunas naciones sobre otras, desaparecerán de la sociedad, se establecerá la verdadera igualdad nacional y confianza mutua entre las naciones. Cualquier otra posición, cualquier negación o tendencia a la negación de los esfuerzos de para la autoafirmación y desarrollo nacional integral, como siempre han hecho los revisionistas titoistas, va en contra del proceso dialéctico del desarrollo histórico y, como tal, presupone necesariamente el uso de la violencia salvaje.

"Tratar de proceder a la fusión de las naciones por medio de un decreto promulgado desde arriba, por medio de la coerción," dice Stalin, "significaría hacer el juego a los imperialistas, desbaratar la obra de la liberación de las naciones, echar por tierra todo el trabajo realizado para organizar la colaboración y la confraternidad de las naciones. Esa política equivaldría a la política de asimilación".

El alejamiento de los revisionistas yugoslavos de la teoría marxista-leninista de la nación y su oposición abierta hacia ella es evidente en la postura que adoptan sobre otro aspecto esencial de la nación, su contenido como comunidad histórica de personas.

Formalmente los revisionistas yugoslavos aceptan que la nación es una comunidad social histórica, pero junto a esto, en los documentos y materiales de su partido, en los discursos de los líderes titoistas y en las publicaciones de su prensa diaria también se habla de los musulmanes, rumanos o gitanos, etc. considerándolos como comunidades nacionales, nacionalidades. Esta es una distorsión abierta de la teoría marxista-leninista de la nación. Partiendo de posiciones erróneas, ellos identifican la comunidad social histórica con la comunidad religiosa o racial.

La comunidad nacional, que está formada y se consolida a través de un largo proceso histórico, principalmente por factores materiales objetivos internos, no puede confundirse o identificarse con las comunidades religiosas que se forman bajo la influencia de factores subjetivos o las comunidades raciales que están formadas principalmente bajo la influencia de factores biológicos externos. "... la nación no es una comunidad étnica", dice Stalin, "ni es una comunidad tribal, sino una comunidad de personas históricamente formada".

Otra flagrante distorsión de la teoría marxista-leninista de la nación por parte de los revisionistas titoistas es que excluyen un componente tan indispensable como el lenguaje de la noción de la nación.

La teoría marxista-leninista ha demostrado desde hace mucho tiempo que la comunidad del lenguaje es una de las características básicas de lo nacional. Todos los miembros de una nación hablan una lengua materna común "No hay nación que pueda hablar diferentes idiomas al mismo tiempo...", señaló Stalin.

El proceso de formación de las naciones ha estado asociado en todas partes con la formación de su lengua común. Durante los siglos que constituyen el período de la sociedad sin clases pre-capitalista, el idioma y territorio común crearon las condiciones para la implantación gradual, entre los miembros de una nacionalidad, de costumbres y tradiciones comunes, un estilo de vida común y una cultura común, así como vínculos comunes de muchos lados.

Con el derrocamiento del feudalismo y el triunfo del modo capitalista de producción, las nacionalidades se transformaron en naciones, que son comunidades sociales mucho más consolidadas y mucho más duraderas que las nacionalidades. Junto a los factores materiales económicos que, por supuesto, se encuentran en la base de este cambio progresivo, el lenguaje común hace que este proceso sea más fácil, es un elemento indivisible del mismo, ya que permite a los habitantes de diferentes regiones, que en condiciones del feudalismo vivían aislados unos de otros dentro de las posesiones de un señor feudal, comunicarse libremente entre sí en el proceso de producción e intercambio capitalista en el mercado nacional creado por este orden. Por lo tanto, el lenguaje no sólo se convierte en una característica esencial de la nación, sino que también en una condición para su desarrollo libre y completo.

De esta concepción materialista y científica del contenido de la nación y sus componentes se deriva la tesis marxista-leninista de que no puede haber desarrollo, afirmación o prosperidad de las naciones y de sus valores nacionales, sin apoyar el desarrollo y enriquecimiento de su idioma, literatura y cultura nacionales por todos los medios. De la misma concepción se deriva el conocido principio proletario de que, en un estado multinacional, la igualdad jurídica real de las lenguas nacionales y culturas es una demanda principal de la democracia y el socialismo.

Sin embargo, a partir de sus posiciones abiertas antimarxistas, los revisionistas yugoslavos afirman que, en las condiciones actuales del desarrollo capitalista, el lenguaje ya no es una de las características principales de la nación, y que supuestamente es posible para los miembros de una nación hablar diferentes idiomas, etc. Respecto a esto son típicos las teorías de Kardelj que, hablando sobre la "unión" y "fusión" de las naciones, dice que "... la diversidad de idiomas de esta comunidad no será en modo alguno un impedimento, sino que, con el aumento del nivel de la cultura general, la gente hablará varios idiomas. Que las lenguas de las naciones más grandes se convertirán al mismo tiempo lenguas internacionales, esto es obvio".

El contenido metafísico e idealista y los objetivos reaccionarios de las tesis titoistas son obvios si consideramos que Kardelj no vincula la unión y fusión de las naciones con la revolución proletaria, la dictadura del proletariado y el triunfo del comunismo a escala mundial -un proceso que pertenece al futuro- sino que lo ve como un proceso que tiene lugar hoy, ante nuestros ojos, en las condiciones del capitalismo, debido al desarrollo de las fuerzas productivas, avances científicos en la física, matemática, electrónica etc., y el desarrollo de la revolución científico-técnica. Estas fuerzas productivas "que se desarrollan constantemente", dice Kardelj, "transformarán gradualmente la conciencia del hombre y superarán las barreras nacionales, ya han comenzado a derrumbarse, y el hombre se convertirá en un ciudadano directo del mundo".

Esto es puro cosmopolitismo que aboga por la negación de todas las distinciones nacionales, la fusión y asimilación de las naciones oprimidas más pequeñas por las naciones opresoras más grandes. En este caso, también, los revisionistas titoistas se manifiestan como fieles apologistas del imperialismo americano y su ideología y política de explotación.

Con sus teorías y prácticas en el espíritu de la ideología del cosmopolitismo, los revisionistas titoistas sirven tanto al imperialismo internacional, a quienes sirven, y a la nueva y vieja burguesía yugoslava, como sus voceros abyectos. La política nacional de la LCY expresa y protege precisamente estos intereses de la burguesía también en materia de la lengua y cultura nacionales. Tanto en el momento de su expresión más salvaje en el período de Rankovic... como en el momento en que se hicieron algunas concesiones bajo la gran presión de las naciones y nacionalidades oprimidas, la política de la LCY se ha caracterizado siempre por el odio hacia las lenguas y culturas no serbocroatas, y por una completa falta de igualdad entre ellas. Un ejemplo de esto es la posición mantenida hacia la lengua y literatura albanesa, a la música y cultura albanesa, en general, en Yugoslavia.

Sin mencionar el período de 1945-1966, conocido como el período del Rankovic más salvaje... cuando a los albaneses que vivían en sus propios territorios en Yugoslavia se les negaron incluso sus derechos nacionales más elementales, como lo han admitido los titoistas, nos detendremos aquí en el desarrollo de estas dos últimas décadas que se anuncian como el "ideal" de la igualdad entre naciones y nacionalidades, y entre lenguas y culturas nacionales.

Es cierto que después de 1966, el idioma albanés, la literatura, la música, la educación y cultura en Kosovo se afirmaron y desarrollaron como nunca antes. Sin embargo, ese no era el mérito o el deseo de los revisionistas titoistas, o su línea y política. Al contrario, el crédito de todo va a la población albanesa en Kosovo, que lo ha logrado y defendido todo con sangre e innumerables sacrificios.

A pesar de estos logros, el idioma albanés y la cultura de los territorios albaneses en Yugoslavia siempre han sido tratados por los chovinistas serbios y yugoslavos como desiguales e inferiores comparadas con el idioma y la cultura serbocroata. Por lo tanto, se continúan ininterrumpidamente los esfuerzos (que se han intensificado después de los acontecimientos de 1981) de asimilación de la lengua y cultura albanesa en Kosovo por la lengua y cultura serbocroata. "Debe admitirse," escribe el periódico Rilindja, "que a pesar de todos los resultados... en la igualdad de los idiomas y publicaciones, especialmente en comparación con el período anterior a 1966... la práctica muestra que queda mucho por hacer, particularmente  en el caso de la lengua albanesa, que a menudo se la trata como un idioma de segunda categoría, tanto en la administración como en la vida política".

La prensa en Kosovo trae innumerables ejemplos de la vida cotidiana para demostrar que al pueblo de Kosovo se le niega el derecho a usar su lengua materna, y que se les impone el uso del serbocroata. Subraya con preocupación que "en cada reunión de cualquier nivel, comunal o regional, el debate se lleva a cabo principalmente en serbocroata. Esta práctica se sigue no sólo desde 1981, sino que incluso de antes". Significativo es el caso de una reunión en la Cámara Económica de la región de Kosovo en la que el serbocroata era el único idioma utilizado, aunque sólo 3 de 25 participantes eran serbios.

La teoría marxista-leninista de la nación deja claro que en un estado multinacional que realmente desea y trabaja por el desarrollo de las relaciones en un espíritu democrático de las naciones que lo conforman debería garantizar la libertad e igualdad de las naciones y las lenguas nacionales, publicaciones y culturas, y proporcionar sanciones concretas para aquellos que las violen. Al presentar las demandas del programa democrático sobre la cuestión nacional, Lenin enfatizó: "... ningún privilegio absoluto para ninguna nación o cualquier idioma; la cuestión de la autodeterminación política de las naciones, es decir, la separación de sus estados, debe resolverse de manera totalmente libre y democrática; se debe emitir una ley para todo el estado... que prevea los privilegios para una de las nacionalidades en cualquier campo o que invada la igualdad de las naciones o los derechos de una minoría nacional, debe declararse ilegal y nula... mientras que se debe reconocer a todos los ciudadanos el derecho a demandar la anulación de esta medida como sanciones anticonstitucionales y penales contra quienes la apliquen".

Los revisionistas titoistas que afirman haber resuelto la cuestión nacional de la manera "leninista", pero que en realidad están lejos de su solución democrática, nunca han tenido o tienen tal ley. Como socialchovinistas, los titoistas incluyeron formalmente en su constitución de 1974 un artículo sobre la igualdad de las lenguas y publicaciones de las naciones y nacionalidades y prometieron que emitirían la ley relativa sobre la base de este artículo. Sin embargo, han pasado más de diez años desde entonces y ni la Federación ni la República de Serbia ha promulgado ninguna ley sobre la igualdad de los idiomas y las publicaciones nacionales.

Los intentos de los serbios y otros chovinistas de negar a los albaneses que viven Yugoslavia su literatura y cultura e imponerles a través de la violencia las llamadas grandes culturas que supuestamente son las únicas capaces de contribuir al desarrollo de otras culturas sin tomar prestado nada de la riqueza cultural de otros pueblos y naciones, nunca podrán alcanzar sus objetivos. Aunque por "grandes culturas" quieren decir, en primer lugar, la cultura serbia actual que refleja en gran medida los intereses chovinistas de los gran serbios, tal ataque a la cultura del pueblo albanés en Kosovo se enfrentará a la decidida oposición de los albaneses. "Insistir sólo en la contribución, como lo implica la lógica de las grandes culturas", dijo un orador kosovar en la reunión de la Comisión de Cultura y Relaciones internacionales del CC de la LC de Serbia, "y no en pedir prestado a las culturas más pequeñas, y aquí desafortunadamente la cultura de las nacionalidades son tratadas como culturas menores, es una lógica abiertamente hegemonista".  En la misma reunión, otro orador kosovar enfatizó: "Constantemente representamos obras del repertorio de Serbia o Vojvodina, pero no hay un sólo caso en Serbia o Vojvodina en el que se representen obras del repertorio de Kosovo".

Los intentos de imponer el idioma serbocroata en detrimiento del albanés son evidentes especialmente en la cinematografía. No sólo todas las películas yugoslavas (con la excepción de las producidas por Prishtina) se muestran en serbocroata, sino que todas las películas extranjeras mostradas en Kosovo se doblan sólo en serbocroata. Esto ocurre sólo en Kosovo, ya que en las otras repúblicas que están fuera del área lingüística de Kosovo, como la RS de Eslovena y la RS de Macedonia, las películas extranjeras se traducen a sus respectivos idiomas.

Por supuesto, en la Yugoslavia titoista autogestionada, las culturas de otras naciones, como los montenegrinos, macedonios,eslovenos y otros, también están amenazadas con la asimilación. Esto también es evidente para ellos, por lo tanto, en todas partes hay fricciones, reacciones y contramedidas. Precisamente debido a esta situación, recientemente se creó una sección para el idioma esloveno, con la misión de preservar la pureza del idioma. La amenaza de la imposición del serbocroata en Eslovenia fue objeto de debate también en una reunión de la Presidencia del CC de la LC de Eslovenia. Al hablar sobre el desarrollo actual del idioma esloveno en esta reunión, el secretario de la Presidencia del CC de la LC de Eslovenia, Franc Shtetinc, dijo: "Se están creando condiciones para los intentos de provocar un perjudicial odio unitario y una posición chovinista sobre la lengua fuera de la cultura lingüística actual".

La continua distorsión de los revisionistas titoistas del concepto marxista-leninista de la nación es indivisible de la línea de desigualdad y opresión política y económica que siempre han perseguido en las relaciones con las demás naciones. Las consecuencias de esta política chovinista se pueden ver en todas partes de en Yugoslavia. Pero son más evidentes en Kosovo y en las otras regiones habitadas por albaneses, donde el atraso económico es más pronunciado.

La conclusión de que Kosovo está muy rezagada no solo en comparación con las repúblicas más desarrolladas y las promedio de la Federación, sino también en comparación con las repúblicas menos desarrolladas, se fundamenta en el análisis y comparación de los índices básicos del desarrollo de la región, como el producto social y el ingreso nacional per cápita, empleo, número de doctores, alumnos y estudiantes por cada 1.000 habitantes, etc.

El desempleo es uno de los mayores problemas. De los informes de la prensa yugoslava se desprende que 1 de cada 2-3 ciudadanos tiene trabajo en Eslovenia, 1 cada 4 en Croacia, 1 de cada 5 en Serbia, 1 de cada 6 en Bosnia-Herzegovina, mientras que la cifra en Kosovo es 1 de cada 11. El problema se vuelve más complicado en Kosovo, ya que el empleo difiere mucho de las diferentes nacionalidades. En esta región 1 de cada 4 montenegrinos, 1 de cada 5-6 serbios y 1 de cada 18 albaneses tiene una ocupación en la esfera social. El desempleo entre los albaneses de Kosovo es incluso mayor cuando tenemos en cuenta que alrededor de 100.000 de ellos han emigrado a otras regiones de Yugoslavia o al extranjero.

Se estima que el problema del desempleo en Kosovo se agudizará y preocupará en el futuro. Así, mientras que en Eslovenia hay sólo un candidato para cada trabajo recién creado, la cifra en Serbia es 2,3; para Vojvodina 4,8, para Croacia 5,3, para Montenegro 12,8, para Bosnia-Herzegovina 13,4, para Macedonia 18,6 y para Kosovo 41,8.

Incluso si juzgamos por el índice más fundamental, el producto social y el ingreso nacional per cápita, Kosovo está 6 veces más atrasada que Eslovenia, 5 veces más atrasada que Croacia, 4 veces más que Vojvodina, 3 veces más que el promedio de la Federación y la República de Serbia y 2 veces más atrasada que las otras repúblicas menos desarrolladas. A las solicitudes de los kosovares de reducir la brecha de la desigualdad económica, los revisionistas titoistas responden con promesas y mentiras, con ira y rabia, recurren al ejército, los tanques y la aviación para suprimir las demandas legítimas de la población albanesa en el capo político, especialmente a su justa solicitud de una república propia, como las otras naciones de la Federación Yugoslava.

Los fundadores de la doctrina científica y materialista sobre el desarrollo de la sociedad, Marx, Engels, Lenin y Stalin, consideraron el derecho de las naciones y nacionalidades a la autodeterminación como el derecho a la igualdad, en primer lugar, en el campo político. "El derecho de las naciones a la autodeterminación", subrayó enérgicamente Lenin, "significa su absoluto derecho a la independencia en el sentido político..." De ahí la conclusión de que el logro de la igualdad en el campo político, en las relaciones internacionales, incluso en el marco de una solución democráctico-burguesa, es también una condición para el desarrollo de las naciones menos avanzadas en el campo económico, a fin de protegerse, en cierta medida, también contra la opresión nacional.

Esta verdad, cuando la cuestión es sobre los eslovenos, también es admitida por Kardelj. "Después de largos períodos de dependencia", escribe, describiendo la situación de la nación eslovena en el Imperio Austro-Húngaro y luego bajo la hegemonía serbia, "los eslovenos ganaron su propio estado, la República Popular Socialista de Eslovenia, en el marco de la Federación Yugoslava. Con esto se hicieron realidad las aspiraciones históricas centenarias de las fuerzas más progresistas del pueblo esloveno." Por lo tanto, Kardelj aparentemente vincula la solución del problema de la igualdad nacional de los eslovenos en la Federación Yugoslava con la creación de la República eslovena. Si esto es así, ¿por qué la demanda de los albaneses por la proclamación de Kosovo como una república de la Federación Yugoslava es "irredentista", "nacionalista" y "contrarrevolucionaria", cuando se sabe que en los propios territorios de Yugoslavia constituyen un grupo étnico que, desde el punto de vista numérico, es mayor no sólo que los montenegrinos y macedonios, sino también los eslovenos?

En cada ocasión, el PTA y el camarada Enver Hoxha han expuesto enérgicamente las "teorías" de la nación y las prácticas de los revisionistas titoistas sobre la cuestión nacional y han revelado su carácter peligroso. Han mostrado a los pueblos y naciones oprimidas el verdadero camino hacia la liberación, que es el de la lucha intransigente contra las superpotencias, la burguesía y sus sirvientes, los revisionistas modernos de todos los matices.

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